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CRISTIANISMO

“De una manera poderosa, la palabra de Jehová siguió creciendo y prevaleciendo.” (HECHOS 19:20.)

Llenos del poder del espíritu santo, los primeros cristianos proclamaron la palabra de Dios con un celo imposible de apagar. Un historiador escribió: “El cristianismo se había esparcido con notable rapidez por el mundo romano. Para el año 100 probablemente todas las provincias de la costa mediterránea albergaban una comunidad cristiana”.

Tras la muerte de los apóstoles, las buenas nuevas quedaron enterradas bajo las enseñanzas y filosofías paganas. Como se había predicho, los falsos maestros distorsionaron y contaminaron el mensaje puro de la verdad. Poco a poco, una falsificación llamada cristiandad eclipsó el cristianismo verdadero. Surgió una clase clerical que trató de que la gente común no tuviera acceso a la Biblia. Aunque aumentó la cantidad de los que se llamaban cristianos, su adoración no era pura. La cristiandad se extendió a otros lugares y se convirtió en una institución poderosa y una fuerza dominante en la cultura occidental, pero no contaba ni con la bendición ni con el espíritu de Dios.

JUDAISMO

La religión judía tiene raíces de unos 4.000 años de antigüedad, y, a grado mayor o menor, otras religiones importantes tienen una deuda con las Escrituras de esa religión. El cristianismo, fundado por Jesús (hebreo: Ye·schú·a‛), un judío del primer siglo, tiene sus raíces en las Escrituras Hebreas. Y —como lo muestra cualquier lectura del Corán— el islam o mahometismo también debe mucho a esos escritos (Corán, sura 2:49-57; 32:23, 24).

¿De dónde vinieron los judíos?

En general, el pueblo judío descendió de una rama antigua de la humanidad que hablaba hebreo, de la raza semítica. (Génesis 10:1, 21-32; 1 Crónicas 1:17-28, 34; 2:1, 2.) Hace unos 4.000 años, Abrán, el antepasado de los judíos, emigró desde la bulliciosa metrópolis de Ur de los caldeos, en Sumer, a la tierra de Canaán, de la cual Dios le había declarado: “A tu simiente daré esta tierra”. (Génesis 11:31–12:7.) En Génesis 14:13 se le llama “Avra-m [Abrán], el hebreo”, aunque su nombre fue cambiado después a Abrahán. (Génesis 17:4-6.) Desde él los judíos trazan una genealogía que empieza con su hijo Isaac y su nieto Jacob (cuyo nombre fue cambiado a Israel). (Génesis 32:27-29.) Israel tuvo 12 hijos, que llegaron a ser los fundadores de 12 tribus. Uno de ellos fue Judá, de cuyo nombre se derivó al pasar el tiempo la palabra “judío”. (2 Reyes 16:6, NM.)

ISLAM

¡“EN EL nombre de Dios [árabe: Allah, Alá], el Compasivo, el Misericordioso!” Esa es la traducción del versículo del Corán citado arriba. Después vienen las siguientes expresiones: “Alabado sea Dios, Señor del universo, el Compasivo, el Misericordioso, Soberano del día del Juicio. A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda. Dirígenos por la vía recta, la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados” (El Corán, sura 1:1-7).

Estas palabras forman al-Fátihah (el “Exordio”; literalmente: “La que abre”), el primer capítulo o sura del libro sagrado musulmán, el Corán. Puesto que de cada seis personas de la población del mundo más de una es musulmán, y los musulmanes devotos repiten estos versículos por lo menos cinco veces en sus oraciones diarias, estas palabras tienen que estar entre las más recitadas de la Tierra.

MOISES

“Hombre del Dios verdadero” que fue caudillo de la nación de Israel, mediador del pacto de la Ley, profeta, juez, comandante, historiador y escritor. (Esd 3:2.) Nació en Egipto en el año 1593 a. E.C. Fue hijo de Amram, nieto de Qohat y bisnieto de Leví. Su madre Jokébed era hermana de Qohat. Moisés tenía tres años menos que su hermano Aarón, mientras que su hermana Míriam era unos cuantos años mayor que ellos. (Éx 6:16, 18, 20; 2:7.)

Moisés era un niño “divinamente hermoso” que se salvó del genocidio que decre

tó Faraón cuando ordenó la muerte de todo varón hebreo recién nacido. Su madre lo tuvo escondido durante tres meses y luego lo colocó en un arca de papiro y lo dejó en el río Nilo, donde lo encontró la hija de Faraón. Gracias al ingenio de la madre y la hermana de Moisés, su propia madre consiguió criarlo y educarlo debido a que la tomó a su servicio la hija de Faraón, quien adoptó al niño como si fuese suyo. Como miembro de la casa de Faraón, se le ‘instruyó en toda la sabiduría de los egipcios’ y se hizo “poderoso en sus palabras y hechos”, expresión que probablemente se refiriese tanto a sus facultades mentales como físicas. (Éx 2:1-10; Hch 7:20-22.)

A pesar de esa posición favorecida y de las oportunidades que se le ofrecían en Egipto, Moisés se sentía ligado al pueblo de Dios, que entonces estaba en esclavitud. De hecho, esperaba que Dios se valiese de él para liberarlo. A los cuarenta años, mientras observaba las cargas que llevaban sus hermanos hebreos, vio a un egipcio golpear a un hebreo. En un intento por defender al israelita, mató al egipcio, y luego lo escondió en la arena. En ese preciso momento tomó la decisión más importante de su vida: “Por fe Moisés, ya crecido, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo ser maltratado con el pueblo de Dios más bien que disfrutar temporalmente del pecado”. De este modo rechazó el honor y los bienes materiales de que pudiera haber disfrutado como miembro de la casa del poderoso Faraón. (Heb 11:24, 25.)